
El Castillo de Soria se encuentra ubicado en el parque que le da nombre, una cumbre amesetada con un potente valor estratégico, en el entorno del rio Duero. Es uno de los pocos elementos que se conservan del complejo defensivo de la ciudad, junto con las murallas.
Los primeros datos que nos hablan de él nos llevan al año 1119, aunque tuvo su origen en una pequeña fortificación musulmana del siglo IX-X.
Durante la Guerra de la Independencia, el general Durán ordenó el derribo de la mayor parte de las defensas de la ciudad, por lo que son pocos los vestigios que han llegado hasta nuestros días y poco se conserva de su vieja gloria. Cuesta imaginar la gran fortaleza que llegó a ser. Su recinto amurallado ocupaba toda la parte superior del monte y era capaz de dar cobijo, en caso de ataque, a gran parte de la población.
Hoy en día, principalmente quedan las ruinas de la Torre del Homenaje, así como de los recintos amurallados del exterior y del interior.
Merece la pena pasear por la zona, acercarse al magnífico balcón que nos ofrece y disfrutar de una de las mejores panorámicas de la ciudad de Soria. Contemplar desde la zona más nueva, hasta la más céntrica y monumental, pasando por el río Duero y la Ermita de San Saturio.
Es en esta Ermita, donde podremos hacernos una idea del aspecto que tenía en su día El Castillo, a través de las pinturas de Juan Antonio Zapata.
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