Recorriendo la historia: Ruta por las aljamas hebreas de Soria

Aljamas Hebreas

Recorriendo la historia: Ruta por las aljamas hebreas de Soria

Entre los siglos VIII y XVI el actual territorio soriano fue un tablero de juego convulsionado por las luchas de frontera. Primero entre los reinos cristianos y el poder andalusí, y luego entre Castilla y Aragón. Sin embargo, los territorios fronterizos no siempre separan mundos distintos, sino que también los acercan y los engloban. Así, en los tiempos medievales, coexistieron tres culturas en la provincia, en parte distintas pero no distantes: cristianos, judíos y musulmanes. 

Aljamas HebreasEn el s. XII, los documentos empiezan a evidenciar la presencia de judíos en el territorio (hoy) soriano, sin que hasta ahora se sepa desde cuánto tiempo antes. A finales del Medievo, había pobladores hebreos en más de una veintena de núcleos. En algunos casos, su presencia se redujo a unas pocas personas pero, en otros, estas juderías llegaron a organizarse como aljamas, donde su numerosa población hebrea contaba con los servicios necesarios para desarrollar su vida en común: sinagoga, cementerio, carnicería, escuela, etc. A continuación, recorremos las principales aljamas hebreas existentes en Soria y repasamos su historia y estructura:

Caracena y Calatañazor: Efímera presencia

En un paseo por Calatañazor o Caracena sentimos que pervive en el ambiente algo inexplicable, pero que nos remonta a los tiempos medievales. Lo que antaño fueron recios castillos y murallas sirvieron para reforzar las defensas que la naturaleza talló en forma de barrancos.

Caracena. Fotografía: Conrado Ángel.

El espacio estaba salpicado por una multitud de templos de los que hoy subsisten varios con vestigios románicos. Aquellas calles también fueron transitadas por sus vecinos judíos, por lo menos, durante cuatro décadas de la segunda mitad del s. XV. Su presencia fue efímera. En Caracena, en aquellos tiempos en que el castillo ni siquiera tenía la estructura que hoy vemos, los judíos asistían a su sinagoga, situada junto a la casa de Fernando López y su mujer. En Calatañazor, la judía Orodueña sabía que Hernando de Alcalá, que vivía cerca de la sinagoga, se ponía una pilleja en la cabeza y respondía como los mismos judíos: Amén.

Soria: Cultura hebrea

En el s. XIII la comunidad judía soriana ya se regía por sus propias ordenanzas. No fue hasta el s. XV cuando, a instancias de un personaje de raíces sorianas, Abraham Bienveniste, tesorero y financiero al servicio de la corona castellana y Rab mayor de Castilla, se organizó una reunión en Valladolid de donde surgieron unas ordenanzas comunes a todas las aljamas judías castellanas. Entre finales del s. XIII y el s. XIV, brilló en la ciudad la cultura hebrea, no solo gracias a los hermanos ibn Gaon, máximos exponentes de una escuela de iluminación de biblias, sino por la labor de una larga nómina de cultos judíos.

Berlanga de Duero: Un responso en el fonsario

La configuración actual de Berlanga de Duero dista bastante de su fisionomía durante el Medievo, dados los cambios urbanísticos planteados por los señores de la villa, María de Tovar e Iñigo Fernández de Velasco, a principios del s. XVI. No solo se derribaron las diez iglesias de la villa para construir un único templo, la Colegiata de Nuestra Señora del Mercado, sino que el proyecto también incluía la construcción de otros edificios, como el palacio o la fortaleza artillera.

Aljamas hebreas

Berlanga de Duero. Fotografía: Conrado Ángel.

Al omitir estos edificios podemos acceder a la trama medieval, con un caserío estructurado en distintos barrios entre dos murallas: una, la Cerca Vieja, rodeaba parte del cerro del castillo; otra, ya construida a principios del s. XV, englobaba a la población que se había asentado en la zona baja del mismo cerro. Por lo menos en los momentos previos a la expulsión, la judería se localizaba en el área conocida como Los Leones. La sinagoga se ubicaba en la calle que une la plaza con la puerta de Aguilera de la muralla.

Almazán: Gastronomía de Sefarad

Este enclave fortificado estuvo presidido por un castillo, hoy desaparecido, antes de construirse el imponente palacio de los Hurtado de Mendoza. Tras pasar la villa a este señorío, la población hebrea, ya documentada en el s. XII, progresó hasta el punto de convertirse en una de las diez aljamas que más contribuía a los impuestos del reino en la segunda mitad del s. XV.

Aljamas hebreas

Almazán. Fotografía: Conrado Ángel.

Las casas de los judíos se distribuían en el amplio espacio comprendido entre la actual plaza mayor, muy modificada tras el Medievo, la plaza de los Olmos y el entono de las iglesias de Nuestra Señora del Campanario y San Vicente. La sinagoga pudo estar en las inmediaciones de la actual iglesia de San Pedro, pero a principios del s. XVI ya se estaba sacando tierra y piedra del derruido edificio para emplearla en diversas obras urbanísticas. Se desconoce la ubicación de aquel fonsario hebreo, al que, después de la expulsión, se dirigieron Catalina, mujer de Juan de Arévalo, y la de Juan Cabeçudo por arena para fregar, y lo quitaba de las piedras de las sepulturas de los judíos. Por aquella época, algunos judeoconversos mantenían las costumbres culinarias hebreas. Así, se siguió practicando el cogüerzo, comida fúnebre para reconfortar a los dolientes cercanos al difunto. Otros recordaban el matzá, las roquillas, la empanada de carnero, los nabos con queso, los palominos en pan, los albondequexos, las cabaheas, los alvillos, los rollillos… viandas que nos transportan a la gastronomía de Sefarad.

Ágreda: Las tres culturas

Es un núcleo de gran complejidad urbanística, dado que en la Edad Media se configuró en base a cuatro recintos amurallados prácticamente independientes: el de La Muela, primigenio solar musulmán donde seguirían residiendo los mudéjares tras la conquista cristiana, y otros tres recintos donde se asentaban los cristianos y los judíos, estos últimos con casas en el recinto de San Miguel y en el de San Juan.

Existen noticias sobre la aparición de varias tumbas extramuros, que recientemente se han asociado con el cementerio judío, pero se carece de confirmación arqueológica. Después de 1492 la sinagoga fue comprada por el concejo para hacer casa de Ayuntamiento, si bien no pudo ser en el lugar del edificio actual, ya que esa zona no fue urbanizable hasta el s. XVI. Allí se conserva un fragmento de Torá reutilizado en un libro.

Aljamas hebreas

Ágreda. Fotografía: Conrado Ángel.

Medinaceli: Desvelando el subsuelo

Las remodelaciones urbanísticas acometidas desde finales del s. XV cambiaron por completo la fisionomía plenomedieval de una villa encaramada en lo alto de un cerro amurallado. Una docena de iglesias fueron derribadas, elevando el rango de una de ellas, la de Santa María, al nivel de colegiata. Su castillo bajomedieval fue perdiendo importancia, ganada por el nuevo núcleo representativo creado en torno al palacio ducal, ensalzado por una gran plaza donde también se construyó la alhóndiga, la casa de justicia y la cárcel. Buena parte de la trama medieval medinense se conserva en el subsuelo de esta plaza. Era allí donde se localizaba la judería, por lo menos en las décadas previas a la expulsión.

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