
Con una longitud de 4.100 metros, la muralla de Soria encerraba una superficie de casi un kilómetro cuadrado. Y, junto a su gran castillo, fue una de las poblaciones mejor defendidas en la España de comienzos del siglo XII.
Su estructura cuadrangular se ajusta a la orografía del terreno en la que el collado es la línea central y el margen derecho es el río Duero. Se dice que las dimensiones de la muralla de Soria coincidían con las del muro de la ciudad antigua de Jerusalén.
A comienzos del siglo XIII, la entonces villa se fortifica y durante la Guerra de la Independencia se ordenó su derribo, quedando prácticamente demolida. En la actualidad, quedan algunos tramos de lienzo con sus cubos en márgenes del Duero, en la Calle Puertas de Pro por las traseras de los edificios (acceso por Calle Aduana Vieja) y junto al parque de Santa Clara y unos pocos restos esparcidos por los cerros del Mirón y del Castillo. Seis puertas permitían el acceso al interior de la ciudad. Hoy en día quedan dos postigos: el de San Ginés unido a las ruinas de la ermita con mismo nombre y el de San Agustín situado junto a las ruinas del convento.
Parte fundamental de la estructura defensiva de la ciudad era el puente fortificado sobre el río Duero con su torre a medio tramo eliminada en mitad del S. XIX.
Hoy en día se puede recorrer la totalidad de su perímetro gracias a un recorrido señalizado: la ruta de la muralla de Soria.
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