Un recorrido por el Río Duero, entre tajos, codos, dehesas y pinos

Un recorrido por el Río Duero, entre tajos, codos, dehesas y pinos

Tierras de Almazán, historia, pinos y agua

Si nuestra elección es conocer estas tierras sobre dos, tres o cuatro ruedas, dejaremos la autovía para encontrarnos con el Duero en el Embalse de los Rábanos, un lugar muy especial por el paisaje que se forma entre las aguas del río y las sierras de Santa Ana y del Picazo.

Las carreteras SO-P-3001 y la CL-101 nos conducirán río abajo por pueblos que llevan como apellido el nombre de este gran río meseteño; riega cereales y girasoles que años atrás ocupaban a los numerosos habitantes de estas tierras hoy despobladas.

El devenir sinuoso del agua hace escala en Almarail, nombre sin duda de origen árabe, para recibir tranquilo al Rituerto formando isletas y un pequeño azud que sirve al canal de riego de Almazán. Esta zona es un excelente observatorio de aves, y junto al río encontramos la ermita de origen románico de Ntra. Sra. del Duero.

Azud de Almaraíl – Lucía Redondo

Viajamos ahora en dirección suroeste, hacia Almazán, buscando el románico de la frontera del Duero. En Nepas, Viana de Duero y Perdices sus pequeñas iglesias replican la organización de los ábsides y conservan portadas de este estilo; la de San Pedro en Perdices ocupa el lugar más elevado sobre el caserío dominando la plana cerealista, y es una de las más singulares del Románico provincial por la bóveda gallonada que cubre la cabecera.

Hemos dejado atrás Moñux, su torre ha observado nuestros movimientos desde lo alto de un cerrete, maltrecha pero erguida sobre el Campo de Gómara y las tierras de Almazán. Se mira con la Torrejalba, Soliedra y el recinto fortificado de Almazán.

Monux, en Soria

Monux, en Soria – Lucía Redondo

En Morón de Almazán, en su plaza renacentista está el Museo del traje popular soriano, dónde podemos ver la exposición «Al estilo del país» que conmemora el 150 aniversario de la muerte de los hermanos Bécquer.

Llegando a la Villa. Qué ver en Almazán.

Y ahora, nos dirigimos a «El Fortificado», llamada así por los musulmanes. La villa de Almazán está amurallada y dominando la extremadura del Duero. En 1128 pasó a manos de Aragón conquistada por Alfonso I El Batallador, quien la repobló e intentó, sin éxito, renombrarla como Placetiam.

Nos recibe una imponente puerta de la muralla, la de Herreros. Nos adentraremos intramuros por la Ronda del Duero circundando las murallas del norte y el cubo de El Rollo de las Monjas. Desde aquí vamos a la Plaza de los Olmos donde el topónimo nos habla del árbol-tótem que abrigaba reuniones vecinales.

La ceñida calle Leganitos, nombre al que algunos historiadores atribuyen origen árabe relacionado con las huertas, nos conduce a la Puerta del Mercado. Allí se celebraba la reunión semanal de compra y venta de mercaderías.

Muy cerca está la iglesia de Nuestra Señora de Campanario una de las más significativas del Románico provincial y de la localidad. Destaca su esbelto campanario; fue construida con triple ábside en la cabecera y la pretensión de templo fortificado en lo más elevado del núcleo medieval, en las inmediaciones del desaparecido castillo, en El Cinto.

Por la calle Fortaleza viviendas humildes y construcciones notables nos recuerdan la historia social de la villa. En el número 15 la casa del Obispo y granero de diezmos, y un poco más abajo el colegio que fue casa de Diego Laínez, destacado teólogo que participó en el concilio de Trento, y la iglesia de San Pedro.

Llegamos a la amplia Plaza Mayor, antes llamada de San Miguel, pues allí se ubica esta iglesia románica joya de nuestro Patrimonio Cultural. Protegida por la muralla, la puerta de la Villa y el Duero en el norte, se cierra al oeste por el magnífico palacio renacentista de los Hurtado de Mendoza, y por el este y sur con viviendas sobre pórticos apropiados para el comercio, aquí actuó La Barraca de García Lorca.

Palacio mirador de Almazán, Soria

Palacio mirador de Almazán, Soria – Ángel García Ortega

Después podemos dar un paseo por la Arboleda cruzando el Duero sobre una vanguardista pasarela ondulante, la primera de «banda tensa» construida en España que discurre paralela al puente medieval.

Las riberas del río que nos han traído hasta esta localidad se han recuperado para la biodiversidad y el esparcimiento; Desde allí podemos ver la muralla, San Miguel y la galería gótica palaciega; recorremos el conjunto de esculturas al aire libre y otra pasarela frente al Paseo Alicante nos devuelve por las calles gremiales de Campaneros y Chapinería a la Plaza de los Olmos.

Dejamos uno de los conjuntos monumentales más importantes de la provincia, y para volver evadimos la autovía ¡qué vamos despacio y queremos adentrarnos en la tierra de pinares y resinas! Podemos hacer escalas en Matamala de Almazán y ver la bella portada románica de su parroquia, Tardelcuende es tierra de resineros y setas, en Quintana Redonda la galería porticada neorománica; muy cerca de aquí está la musealizada Villa romana de la Dehesa y también la iglesia de Los Llamosos inscribiendo con herraduras las estructuras que la componen.

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