En el mes de noviembre, la noche del sábado más cercano al día 13, la hermosa villa de Medinaceli celebra rituales celtíberos de toro y fuego.
Un fuerte olor a pez y barro se desperdiga por la plaza, convertida en coso y centro de este rito ancestral llamado Toro Jubilo.
Un enorme astado, cubierto de barro desde las patas a la testuz, enarbola sobre su cornamenta un asta metálica (gamella), sobre la que dos grandes bolas de fuego arden a medianoche.
Con posibles reminiscencias iniciáticas, el animal es atado a un poste con una cuerda que habrá de ser cortada por un mozo medinense.
Las pavesas se derraman por el recinto en el que cuatro hogueras, dedicadas a los Santos Mártires de la localidad, flanquean las carreras de los jóvenes en esta noche de barro, fuego y ancestros.