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En 1982 el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación concede a los vinos de la Ribera del Duero la Denominación de Origen; denominación que surge por iniciativa de los propios viticultores, preocupados por la calidad de sus vinos y buscando impulsar su promoción y comercialización.
El Consejo Regulador avala los vinos con su sello la autenticidad, encargándose de su riguroso control, de su promoción tanto a nivel nacional como internacional, y de la investigación para la mejora de su calidad. Las etiquetas y contraetiquetas de los vinos Ribera del Duero se realizan en la Fábrica de Moneda y Timbre; para conseguir garantizar la autenticidad de las mismas, se utilizan recursos como las tintas invisibles para el sello de marca, tan sólo legibles con luz ultravioleta. Así, el consumidor cuenta con la garantía y la seguridad de estar adquiriendo uno de los mejores vinos de producción nacional.
Las variedades de uva empleadas para la producción de los vinos son fundamentalmente la Tinta del País y la Albillo; aunque el Consejo Regulador acepta la inclusión de una pequeña cantidad de mostos de origen francés y de Garnacha. Estas variedades dan como resultado 4 clases de vinos bien diferenciadas.
Debido a esta inigualable calidad, los vinos de la zona se utilizan en la elaboración de ciertas exquisiteces gastronómicas como los obispos, similares a las tradicionales torrijas, la tinada, una especie de caldo dulce, o el zurracapote, la bebida popular más característica de Soria.